barbarella

siempre me resultó clarísimo que barbarella se drogaba con algo que no me compartía: no sé decir con precisión qué chingados se metía para andar siempre en ese acelere tan particular, pero no creo que jamás anduviera en sus cinco sentidos. hacía estupideces: lo mismo se desnudaba en el departamento, bajaba corriendo las escaleras y le daba la vuelta a la manzana – los vecinos no podían dejar de ver sus nalgotas y su melena castaña agitarse mientras ella se caía a carcajadas; las vecinas se cagaban nomás de verla, todas celos y rencores y envidias – que una tarde cualquiera, al llegar, me encontraba con ella y una amiga suya, pedísimas ambas, y cogíamos largamente hasta que el ardor de nuestros genitales nos impidiera seguir cogiendo. igual y no se drogaba: igual y nomás estaba idiota. pero se daba a querer: era capaz de abrazarte en el momento más cabrón y pinche y culero de tu vida (mi padre, muertísimo, atropellado por un camión: sus sesos pintaron de rojo y crema el pavimento por una hora, antes de que alguien limpiara; mi madre, culera, corriendo a mi hermana de casa, haciéndola caminar un kilómetro en plena noche, hasta que llegaba a nuestro departamento) y confortarte: había cierta luz particular en su mirada, en su cabello, en su finísima nariz polveada de cocaína (la consumía, decía ella, en líneas muy generales). a barbarella no la quería su madre; su padre le había metido mano cuando era pequeña; a sus tías les cagaba “la pinche loca”. un día, funesto, la encontré en la salita del departamento, con la cara metida en el chinguero de coca, que estaba regada por todos lados: su rostro, bellísimo, estaba hasta la madre de polvo. no supe a ciencia cierta qué pasó, pero barbarella se murió. agarré mis cosas con una prisa inédita – todo lo que entrara en dos maletas: una de rueditas, otra que llevaba cruzada en el pecho – y me fui de allí sin mirar atrás. el sonido de la puerta al cerrarse se quedó en mí de alguna forma, y ahora, al escuchar a una puerta abrirse, detengo lo que sea que esté haciendo y miro con atención: igual y algún día barbarella revive y regresa como una zombi. o quizá jamás nunca estuvo muerta y nomás me jugó una broma que yo me creí estúpidamente y entre de pronto a la habitación, cagándose de la risa. nunca supe con qué se drogaba, pero cómo extraño su cabello agitándose en la noche.

descargar: cosmic girl, jamiroquai.

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