el extraño caso del hombre que olvidó

los altísimos estantes que conforman la biblioteca son casi impenetrables: no hay muchos espacios entre los libros que los habitan. un nutrido archivo clasificado en orden alfabético, un complejo catálogo que comprende de los años 1881 a 1904. un anciano de elevada estatura y complexión delgada camina ansiosamente por los pasillos de la biblioteca. el sonido de sus pisadas, firmes pese a la vejez, reverbera en los rincones desiertos del inmueble; sus cansados ojos grises conservan cierto brillo amenazador: de punta de lanza, de revólver cargado; la nariz aguileña se proyecta señalando este volumen, aquel, otro más. las manos, notoriamente avejentadas, toman un libro, lo hojean febrilmente – los ojos grises corresponden a este gesto, agitándose en sus cuencas de un lado a otro –, y lo devuelven a su sitio. el acto se repite mecánicamente un número de veces indeterminado, quizá indeterminable, en una búsqueda infructuosa sin final aparente.

hay una idea sembrada en la mente de aquel hombre. un día despertó con aquel parásito intangible inserto en su conciencia: uno que le exigía conocer su verdadero nombre, perdido en el tiempo. la fuerza de la idea lo llevó a levantarse de su cama, cuya ubicación ahora no recuerda; bajó las escaleras y se encontró de frente con la biblioteca a su disposición. su mente fue aguijoneada con dureza por aquel pensamiento que le ordenaba buscar, una y otra vez, en los interminables volúmenes de aquel catálogo, y así ha pasado el tiempo más reciente: hurgando, rastreando infructuosamente un indicio de su nombre.

***

espesas capas de tiempo han caído sobre el viejo y la biblioteca; no son años o meses o días: es sólo tiempo, indeterminable. los libros siguen allí, idénticos desde el inicio; las largas estanterías no han cambiado desde que comenzó la búsqueda de la identidad que no recuerda. sus ojos acumulan cansancio; los largos dedos, amarillentos por el abundante tabaco, parecen crisparse por momentos. las arrugas, sin embargo, permanecen incolúmes: tanto como el brillo metálico de su mirada de cazador, aún debajo del pálido resplandor de la fatiga.

selecciona un volumen de la estantería que tiene enfrente, lo abre; examina sus hojas con avidez. se detiene un momento: sus ojos cansados parecen emitir un débil destello al reconocer algo en esas páginas que examina:

nos llega desde un londres de gas y de neblina

un londres que se sabe capital de un imperio

que le interesa poco, de un londres de misterio

tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.

londres. el imperio. el anciano reconoce algo en ese nombre; hay una ciudad allí, indefinida en su memoria, que le resulta familiar. en su mente se asienta la firme idea de que ese sitio, londres, quizá londinium, quizá londinières, es parte de su ser. ¿son sus calles, es el humo, el trotar de los caballos que tiran de carruajes que transportan detectives?. continúa leyendo, movido por el creciente convencimiento de que se encuentra, por fin, cercano a la verdad. lee con insistencia, como quien cierra los ojos, concentrado, recordando una palabra que no alcanza a pronunciar pero que siente en la punta de la lengua:

es casto. nada sabe del amor. no ha querido.

ese hombre tan viril ha renunciado al arte

de amar. en la baker street vive solo y aparte.

le es ajeno también ese otro arte, el olvido.

ese nombre, esa calle; el viejo recuerda algo: una bruma, una niebla descendiendo sobre habitaciones, un sillón, una pipa; otro hombre, también en un sillón; una lupa, una pila de periódicos atrasados, una solución de cocaína diluida al 7%, la jeringa para inyectarla y, a su lado, un largo brazo enjuto, acaso el suyo, en el que se internará la aguja. sujeta otro tomo cercano, sigue leyendo. se sabe cerca de la verdad, intuye la respuesta a su olvido, el recuerdo que se niega a ser develado: diario del doctor watson, reza en inglés de finales del siglo xix una página. el viejo luce desconcertado. algo hay en esas palabras (¿el nombre de aquel doctor desconocido o, peor aún, desvanecido?) que le recuerda su nombre, su vieja persona, la identidad desvaída que ha caído en el olvido. las pronuncia en varias ocasiones, en voz alta, para sí mismo, en un susurro: diario del doctor watson, dice el anciano, una y otra vez. el nombre resuena en su cabeza, en su boca, en sus ojos: está seguro de haberlo escuchado en algún momento que no consigue asir con firmeza; la idea continúa allí: su nombre, ¿cuál es su nombre? el anciano enloquece, arroja el libro que vuela por el pasillo y se pierde en un punto indefinido en el horizonte de la biblioteca, toma otro libro, lo abre furiosamente; lee febrilmente, casi en un delirio, las líneas que tiene frente a él: ‘de aquí en adelante seguiré la marcha de los acontecimientos transcribiendo mis propias cartas al señor sherlock holmes…’.

el viejo ha despertado de su amnesia. todo lo mira con nuevos ojos, los mismos que utilizó para escudriñar la realidad antes de olvidarla. deja el libro en su sitio, sacude sus ropas. camina hacia la puerta de la biblioteca; una que permanecía invisible durante su búsqueda y por la que ahora entran tenues rayos de luz grisácea. coge un gorro de cazador que está en el perchero, a un lado de la puerta, gira la perilla y sale, al fin, a sumergirse en la atmósfera de una ciudad hundida en la niebla y el olvido: la luz moribunda de una farola de gas proyecta la sombra larga y enjuta de aquel anciano que se aleja con premura del número 221b de la calle baker.

[una versión de este cuento apareció en el número “obsesivos”, de revista picnic.]

Anuncios

4 comentarios en “el extraño caso del hombre que olvidó

  1. Creo que el problema radica en que los dos primeros párrafos son inútiles y luego el “misterio” de la identidad del hombre se revela prontísimo y entonces los últimos dos párrafos resultan tediosos.

    Vuelve a trabajarlo, porque así de plano no.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s