jugando fútbol en una esquina de la calle bolívar

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el balón bota tres veces antes de que el portero lo tome entre las manos, como en lance heroico, y despeje hacia algún punto indefinido de la cancha de concreto que está en un parque de una esquina de la calle bolívar. a un lado del parque, un puesto de birria; frente a él, una cantina. los niños juegan fútbol bajo un sol picante y un viento lo suficientemente frío para que todos traigan suéter; uno grita, el portero despeja: el delantero estrella se lanza con estrépito. el choque y la furia, una rodilla raspada y una espinilla sangrante. el balón sale de la cancha.

* * *

allá, al fondo de la cancha, hay un montón de escombros donde la gente de la manzana deposita su basura. los desechos invaden la acera y fructifican en unos metros cuadrados de terreno baldío donde crece la hierba sin que alguien la detenga. desa esquina emerge una chica: no tendrá más de 16 años, pero su rostro es ya la definición de la belleza: pómulos firmes a los que invade el rubor cuando los asiduos a la cantina le gritan piropos; redondos y castaños ojos que brillan a las diez de la mañana y se apagan al llegar a casa. no es una mujer aún, pero no es más una niña. lleva las bolsas del mandado y soporta su carga con estoicismo: latas de atún, dos botellas de caguama,  un frasco de mayonesa, 250 gramos de jamón, una coca cola de dos litros y medio y un paquete de tortillinas.

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diez niños jugando fútbol en una esquina de la calle bolívar: el menor tiene ocho años y es portero, a falta de una mejor posición en la que no tenga contacto físico con los demás; el mayor tiene 14 y es el capitán del equipo contrario. hay en ellos lo mismo nobleza que despreocupación que avaricia y rencor; no hay uno solo que no quiera hacerse con el balón. uno de ellos, de 12 años, toma el balón entre sus manos, dispuesto a ejecutar el saque; nueve niños jugando fútbol en una esquina de la calle bolívar lo esperan con fruición y ojos humedecidos. arroja el esférico, que gira en el aire, tapando el sol por un segundo que dura un minuto y medio. antes de que el balón caiga, una chica (que no es una mujer aún, pero no es más una niña) con dos bolsas del mandado camina por un lado de la cancha en una esquina de la calle bolívar. el balón aterriza, pero no es ya el centro de atención: el concreto ha dejado de ser cancha y se ha convertido en pasarela. la chica camina, luminosa: cada uno de los niños ve a una mujer distinta: alguien ve a una monja, otro más ve a su prima; alguien ve a su hermana, a la que ha espiado durante el último año mientras ella se cambia y actúa como si no la estuvieran viendo aunque sabe muy bien que su hermano está allí; uno, el más pequeño de todos, ve a su madre, sin entender del todo por qué esto le provoca un cosquilleo entre las piernas. la chica desaparece al dar la vuelta a la calle entre el silencio generalizado y el balón sigue allí, abandonado, esperando por los niños que están jugando fútbol en una esquina de la calle bolívar.

descargar: enjoy the silence – depeche mode

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