a la luz de una infección

Foto 10-04-13 11 49 52

 

en la mañana del martes de hace una semana desperté con una condición que jamás había experimentado: tenía los párpados del ojo derecho unidos por una persistente costra de lagañas. pensé que era más o menos normal y lo omití después de lavarme la cara; fui a la oficina y el día transcurrió con añorada normalidad. antes de salir, un molesto ardor insistió en el ojo derecho. entré al baño, enjuagué mi rostro y miré el reflejo que el espejo me mostraba: ambos ojos estaban inyectados en sangre y lloriqueaban con constancia. los lavé con abundante agua y salí caminando tranquilamente hacia el atardecer –fui criado con descuido y procedo de la misma forma en el acontecer diario. para la noche el ardor se había convertido en velo: al interior de mis cuencas oculares había un consistente moco que me impedía ver en un parpadeo y al siguiente tan sólo me nublaba la vista. fui al doctor –perder la vista no se encuentra en mi lista de objetivos a cumplir próximamente— y me dio un frasquito de gotas que parecía inocuo pero que, aseguró, acabaría con esa ligera infección. ¿ligera? tenía la impresión de quedarme ciego a la brevedad.

regresé a casa con mi de por sí galopante miopía agravada por la bruma de fluido ocular en descomposición que convertía a la iluminación del centro de la ciudad en un festival de haces intermitentes de pálida luz. alguien por esos días me había recordado ya una cita de borges que viene bastante al caso y que dice algo parecido a que la ceguera gradual no es trágica, sino que se parece más a un lento atardecer de verano. el señor borges, cuya ceguera respeto y admiro, sabrá perdonarme que discrepe: este pequeñísimo ensayo o aproximación a la ceguera que viví la semana pasada de atardecer de verano tenía muy poco.

el velo de la infección de ojos me parece ligeramente más terrible que el de la ceguera porque no aprecio la incertidumbre: mientras que al perder totalmente la vista sólo queda la oscuridad, la luz no entra siquiera por una rendija, por pequeña que sea; en la infección de ojos permanece la luz pero se van las certezas: hay destellos luminosos aquí y allá pero no hay contornos definidos; se puede abrir el libro y notar su peso, tamaño, el color de sus páginas, pero es imposible leer las líneas que lo conforman; es posible reproducir una película sin ayuda y escuchar la música, los sonidos, pero las imágenes serán tan solo siluetas moviéndose frente a nosotros, sugeridas. si tuviera que escoger alguna de las dos para soportarla el resto de mi vida, sería la ceguera, por concreta: es mejor saber que será de noche por siempre que habitar un alba indefinida.

Anuncios

2 comentarios en “a la luz de una infección

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s