elogio del cigarrillo

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el linchamiento al fumador es cosa que me parece deleznable: fuera de la molestia del olor del humo, subjetiva y discutible, como la mayoría de las necedades a las que la corrección política ha dado voz, el cigarro no le hace mayor daño a nadie. al menos, no mayor que el provocado por beberse una lata de soda, un cartón de caguamas o deglutir  una bolsa de comida chatarra. cosas del siglo, el cigarrillo se ha convertido en el emisor de humo preferido de quienes disfrutan crucificar a cualquier pobre cristiano que tienen enfrente. (como soy fumador, a nivel personal el único cristiano que me cae mal es el delantero portugués que luce el dorsal siete en el real madrid.)

fumar es un placer de esos que ya no parecen propios del siglo: la experiencia del cigarro electrónico me parece en extremo aséptica y casi traidora a la vocación autodestructiva del cigarro de papel, el de a de veras. parecido a coger con dos condones – o con uno, según se vea – o a enjuagarse las manos frenéticamente con desinfectante antes de comer unas carnitas: esos actos contravienen la esencia de los rituales; la gracia de estos radica, por supuesto, en destruirnos paulatinamente. lo cool y dandy del asunto es cosa aparte. don draper de mad men nos ha demostrado que se puede beber y fumar y ser cool o, con mayor precisión, se debe beber y fumar para ser cool (no que se vaya por la vida pretendiendo ser cool, pero a nadie le sobra). ted danson, en su papel de editor híper cool y dandy, en la hilarante bored to death, plagia una frase de un joven colaborador suyo, encarnado por jason schwartzman: los hombres enfrentan la realidad. las mujeres no. es por eso que los hombres beben.

y fuman, por supuesto. ya luigi amara se había acercado al asunto a través de su ensayo ‘la promiscuidad de los encendedores‘ (letras libres, octubre de 2002). lo que amara omite, seguramente de forma deliberada, es que también el cigarro es promiscuidad: cosa compleja es ir a una fiesta sin rolar unos cuantos tabacos provenientes de los bolsillos ajenos; la máxima promiscuidad no es esta, sino la que se da a la hora de ponerse en la boca el cigarro que traía aquella vieja buenísima e imposible de ligar. verla regresar a sus labios el pitillo al que ya le diste un par de chupadas es, claro, aceptar que jamás hará lo mismo con tu miembro, pero vas de gane: ya lo hizo con tu cigarro. triunfo pequeño, casi pírrico, pero triunfo al fin.

mi amigo gabriel, consumidor inconstante de tabaco, publicó en su blog el enésimo decálogo del fumador que he podido leer. su primer punto está imbricado con el cine y la estética; el último está afincado en la inevitabilidad de la muerte asociada al cigarrillo:

uno. llevarás el cigarro despacio hasta tu boca. aprende del cine de la nueva ola francesa y, por lo tanto, del viejo cine de gángsters. haz que fumar esté bien visto. de lo que se trata es de igualar la parsimonia del humo. basta observarlo en ausencia de las molestas corrientes de viento para comprender que el ritmo propio lo es todo.

y

 diez. te negarás a ser tratado cuando el cáncer aparezca. el gobierno aumentó los impuestos para cubrir tus gastos médicos. tú los aceptaste. los hospitales siguen igual de abarrotados: hay, en la sala de espera del 2 de octubre, un hombre con un fierro clavado en la pierna esperando a ser atendido; hay dos baleados en el hospital balbuena que podrían ser salvados, pero no pasará; hay cientos de infecciones cuya causa es la negligencia. sé gentil: cede el paso.

apelando al último punto, el cigarro es también y en su acepción más encomiable (porque, a diferencia de los espejos y la copulación, no multiplica el número de hombres), el consuelo del suicida indeciso o cobarde o poco convencido: aquel que sonríe al exhalar el delicioso humo, sabiendo que está despojándose al menos de una porción de vida, poquito a poco, sin que nadie se dé cuenta.~

una versión de este texto fue publicada en mayo de 2012 en el periódico performance, de la ciudad de xalapa, veracruz. puede leerse aquí.

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Un comentario en “elogio del cigarrillo

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