genealogía abreviada de la cocaína en méxico

cocaine

 

1.

 la benzoilmetilecgonina es un alcaloide cristalino derivado de la planta quechua conocida como kuka. los efectos de esta yerba eran de sobra conocidos por los habitantes de la zona –que incluso la consumían desde antes del auge de la civilización inca—; al acto de introducir un montón de hojas en la boca y con ellas formar un bolo que se mastica y chupa con fruición se le conoce como chacchar, pillar o acullicar. en un inicio reservada a las clases gobernantes, la llegada de los conquistadores españoles –que tardaron más bien poco en notar sus cualidades estimulantes— en el siglo xvi a la zona la popularizó con un fin un tanto terrible, incipientemente capitalista: extender las jornadas de trabajo de los indígenas locales. al hábito de masticar las hojas de la kuka constantemente se le llama cocaísmo y, sorprendentemente, no genera adicción. algún paralelismo se podrá trazar entre las larguísimas jornadas de trabajo de los indígenas colonizados de los andes y las larguísimas jornadas de fiesta de los consumidores contemporáneos.

la sustancia ganó popularidad y fue rápidamente adoptada entre conquistadores y conquistados, unidos ahora por un delgado hilo de afición y vicio. la planta, como todas las novedades descubiertas en américa, fue llevada al viejo continente para ser estudiada y, con el tiempo, para fascinar a los científicos que entraban en contacto con ella. hay cierto dejo de venganza en la exportación de la kuka: ellos llegaron a fascinar a los indígenas con falsas promesas de divinidad; los indígenas los fascinaron con falsas promesas de vitalidad. el ataque español fue rápido y devastador, pero la revancha inca ha perdurado por siglos, encarnada en un fino polvo blanco que se ha filtrado por igual a través de las narices de actrices y presidentes.

fue en 1859 cuando la cocaína nació en forma, al lograr albert niemann extraerla de la planta de la coca. no pasó mucho tiempo para que cierto psiquiatra de renombre, sigmund freud, se introdujera en las posibilidades de aquellas partículas níveas. el doctor pasó largo tiempo explorando sus profundidades; escaló sus montañas e inhaló de ella todo lo posible. ante él se desplegó la pureza del producto, envidiable y poco relacionada con la rebajadísima cocaína, cortada con cualquier clase de porquería, disponible a la venta en los presentes tiempos. freud se entusiasmó particularmente con la sustancia; escribió un tratado al respecto —über coca, en 1884: apenas veintitantos años después de la síntesis de niemann— y la recomendó a varios amigos. los libros de freud, se sabe, fueron quemados públicamente, pero una copia de über coca llegó, salvada dramáticamente de las llamas por un soldado curioso, a manos de paul joseph goebbels, ministro de propaganda del tercer reich. goebbels, conocido narcisista desenfrenado y principal orquestador de las campañas de publicidad del führer, guardó la información con celo en esa libreta escrita con tinta indeleble que era su memoria, y cuando a sus manos llegó un plan para contaminar con drogas a la población joven estadounidense, propuesto por algún comandante en jefe cuyo nombre la gran historia no guardó, pensó de inmediato en la cocaína como cebo perfecto.

 

2.

las rutas del narcotráfico en méxico no fueron trazadas por los modernos cárteles surgidos en los sesenta, sino por los traficantes chinos de opio que desembarcaron en el puerto de mazatlán a finales del siglo xix. como en más de una ocasión en la historia ha ocurrido, no era la suya una expedición con fines criminales: el opio era consumido de forma socialmente aceptable en su lugar natal, y parecía normal que también lo fuera en méxico. (las drogas no son criminales por sí mismas, y su criminalización dura lo que dura la moral de la sociedad que las condena: una vez derribada esta, las drogas vuelven a ser plantas, o sustancias, o inofensivos entes.) inicialmente, tampoco había condenas para el consumo de opio en su nueva tierra; el opio no era del todo distinto a la adormidera blanca, cuyo consumo era aceptado sin ningún inconveniente en el estado de sinaloa, y el cáñamo indio, conocido en épocas recientes como mariguana o mota, que despedía un humo dulzón que no espantaba a nadie.

mazatlán fue uno de los grandes centros de los fumaderos de opio de principios de siglo. su auge duró hasta bien entrada la década de los sesenta, y se extendieron por varios estados, teniendo en el distrito federal una capital importante de consumo –algunos hechos de esta índole son retratados en el complot mongol, de rafael díaz bernal—. fue en algún momento entre la década de 1910 y 1920 –seguramente, durante la segunda, una vez pasado el borlote de la revolución— cuando los inmigrantes descubrieron que algunas zonas de sinaloa eran particularmente aptas para el cultivo de opio. fue en este momento indefinido –la historia no sucede siempre en grandes y delineados momentos, sino en procesos largos e imperceptibles— en el que comenzó el trazado de las rutas de tráfico de opio para irrigar a todo el país.

el 28 de julio de 1922 apareció una nota en el demócrata sinaloense con un encabezado que rezaba: “no se permitirá la plantación de adormideras en sinaloa”. el titular, más parecido a una profecía incumplida que a un pronunciamiento oficial, daba pie a una nota en la que se hablaba indirectamente sobre los inmigrantes chinos, al asegurar que se combatiría a “ciertos elementos extranjeros” dedicados a la siembra y venta ilegal de “sustancias tóxicas como el opio y la mariguana’’. apenas cuatro años después, aunque ya no auguraba con vehemencia el fin de la adormidera –y con ella, del opio y la mariguana—, el demócrata sinaloense sí denunciaba a voz en cuello la existencia de un fumadero en mazatlán en el que los adictos al delicioso veneno eran protegidos incluso por las mismas autoridades.

ya para 1940 era un hecho incontrovertible que los fumaderos de opio existían en varios sitios del país, alimentados por el tráfico de drogas sin regulación proveniente de sinaloa, y algunos oficiales del gobierno federal comenzaron a apurar a las instancias de procuración de justicia a hacer algo para combatir el adormecimiento de la juventud mexicana y las contraposiciones a las buenas costumbres. el gobierno mexicano parecía dispuesto a que nadie, nunca más, pronunciara sobre el opio las palabras que pronunció de quincey: “esta era la panacea de todos los males humanos; aquí estaba, descubierto de un golpe, el secreto de la felicidad sobre el que disputaron los filósofos a través de las edades”.

 

3.

la joven actriz hilda krüger fue dotada de una belleza natural que sorprendía incluso a los germanos, acostumbrados a tratar con diversas encarnaciones de lo hermoso. goebbels, de quien se sabe que era constantemente hechizado por este tipo de manifestaciones, la conoció durante el rodaje de una película intrascendente llamada frau eva wird mondain!, alrededor de 1935: el ministro de propaganda tenía entre sus diversas ocupaciones la supervisión de los quehaceres fílmicos de la alemania del tercer reich. goebbels y krüger disfrutaron –se intuye que el primero más que la segunda— de cinco años de encuentros en la oscuridad, a espaldas del esposo de la actriz. en 1940, hilda llegó a estados unidos para probar suerte en hollywood, patrocinada por el estado alemán. su estancia en aquel país duró más bien poco, y se trasladó al poco tiempo a la ciudad de méxico. recorrió las calles del centro histórico, y su blanquísima mano tocó la morena piel de varios indigentes mientras que sus ojos de agua pálida cautivaron a varios paseantes de la calle de revillagigedo.

hilde krüger se instaló en un departamento pagado por los espías friedrich von schleebrugge y georg nicolaus, de la abwehr, quienes habían establecido en méxico y latinoamérica una nutrida red de espías que favorecían el avance del tercer reich: entre ellos se encontraba josé vasconcelos, quien no la conoció en persona, pero sí recibió noticias del supuesto libro alrededor de la malinche que la alemana estaba escribiendo. las actividades de krüger pronto dieron un giro social, y tras participar en algunas producciones cinematográficas menores, conoció en una fiesta a ramón beteta, por entonces subsecretario de hacienda y miembro del consejo del banco nacional de méxico. la relación con beteta fue efímera pero utilísima: a principios de 1941 acudió a una fiesta del brazo del economista y salió de la mano del joven secretario de gobernación, miguel alemán valdés. más de uno notó la feliz coincidencia entre el apellido del político y la nacionalidad de la espía.

fue durante ese año que la infiltrada alemana, bajo la protección del poderoso alemán valdés, se mudó a un lujoso departamento nuevo, ubicado en los edificios washington, en el número 42 de la calle dinamarca, en la colonia juárez. una mañana despejada de marzo, mientras el cielo formaba una planicie donde las nubes cumplían sus caprichos morfológicos, la señorita krüger, ahora llamada hilda, recibió la visita de un enviado del gobierno alemán. la inesperada llegada del hombre no fue notada por los vecinos, y mucho menos lo fue el detallado mapa de la república mexicana que el germano extendió sobre la mesa del comedor del departamento. sus dedos trazaron algunas rutas sobre el mapa y algunas otras sobre el vientre de hilda, lo que no obstaculizó la transmisión del plan: hilda krüger facilitaría los recursos económicos y políticos para que varios miembros de la red de espías a favor del tercer reich entraran a méxico a través del puerto de mazatlán y subieran hacia estados unidos con prominentes cargamentos de una fórmula derivada de la cocaína, dispuestos a inocular con ella a la juventud americana. los encargados de guiar a los simpatizantes alemanes no fueron otros que los hijos y nietos mestizos de los inmigrantes chinos encargados de introducir la amapola a méxico; estos hijos y nietos de inmigrantes chinos fueron, a su vez, los padres y abuelos de los guías que permitieron la reintroducción de la cocaína de los cárteles nacionales a través de los mismos caminos trazados con opio por sus antepasados. ~

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