cruz azul, campeón

1.

“un equipo tiene de pronto tantos cambios, tantas personas se van y tantas llegan, que después de un tiempo uno se da cuenta que está allí para apoyar a la ropa”, dijo alguna vez jerry seinfeld. esto es verdadero y falso. me explico: es verdadero porque es innegable que detrás de un equipo hay intereses extrafutbolísticos: hay dinero, principalmente, hay rencores y filias, hay deslealtades y conveniencias. es falso porque un equipo es también un constructo mental, colectivo y personal, que al pasar de los años se adivina casi irrenunciable. que eso no extrañe a nadie; la nacionalidad, la lengua, los ideales: todas esas cosas son igual de intagibles e igual de irrevocables que la afición hacia un equipo de fútbol.

2.
apoyo a cruz azul desde que tengo memoria. la culpa es de mi padre: fue él quien me llevó a ver un partido de la máquina al puerto de veracruz cuando yo era pequeño y ese era el sitio más cercano a nuestra ciudad donde podíamos ver a nuestro equipo (la anécdota tiene un arranque feliz pero un final agridulce: no pudimos entrar y nos quedamos en un hotel, viendo el malecón jarocho hasta la madrugada); fue él quien me sentaba frente a los partidos a comer mango enchilado con una gorra enorme del azul en la que mi cabeza nadaba. entre otras cosas, quiero a cruz azul porque me recuerda a una infancia que se disolvió sin previo aviso; me gusta verlo porque en sus momentos más tristes me parece un milagro que esa afición permanezca allí sin deslavarse. quiero al equipo porque he pasado mucho tiempo con él, porque está tan ligado a mis tardes que no puedo hablar de un año sin hablar de lo que pasó con la máquina en él. no obstante, y sin menospreciar el cariño que le tengo a sus jugadores —a los de anoche y a los de siempre—, por lo que más quiero a cruz azul es porque cuando gana sé positivamente que no estoy solo: anoche, mientras el chaco giménez lloraba de felicidad con su medalla de campeón al cuello, supe también que mi padre experimentaba, al mismo tiempo, un júbilo análogo al mío. eso, creo yo, es también un sentir irrenunciable. ~

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