los últimos dinosaurios

manganelli dijo que un día –a lo mejor un jueves lluvioso– un dinosaurio genio llegó a la conclusión de que ser dueños de un mundo incomprensible exigía demasiado trabajo; y entonces comenzaron todos, de común acuerdo, a morir. a mí se me hace que no. los dinosaurios no murieron de común acuerdo; a los dinosaurios me los mataron. poquito a poco; no sé cuándo ni sé cómo, pero sé que me los mataron. acaso fuera una nave extraterrestre, nodriza y arrogante, la que disparó fulgurantes rayos láser que dejaron huellas de meteoros por todo el mundo; acaso fue un crononauta despistado el que tropezó y provocó una reacción en cadena que pudo deformar la continuidad de tiempo y espacio y destruir todo nuestro universo, pero que se conformó con matar a los dinosaurios.

sé con la certeza de un condenado a muerte que a los dinosaurios alguien me los mató: tímidos y pensativos como eran, no los creo capaces del suicidio.

* * *

no es capaz la raza humana de profesar un amor más puro que el que un niño siente hacia los dinosaurios.

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