fabio morábito, ‘las cartas comerciales’

cuando tenía doce años mi padre se dio cuenta de que yo escribía mejor que él, así que me pidió que lo ayudara a redactar unas cartas para sus clientes. había comprado un manual para ello, que me dio a leer para que me familiarizara con el lenguaje de ese tipo de correspondencia. en él se recopilaba un gran número de ejemplos de cartas comerciales, clasificándolas según diferentes criterios, uno de los cuales era cómo reconvenir a la otra parte negociadora por algún incumplimiento, porque una sección completa estaba dedicada a los reclamos, todo ello sin perder la pulcritud de una carta de negocios. leí el libro de cabo a rabo y aprendí rápidamente a imitar el estilo desapegado de esas misivas, no exento de una fina obsequiosidad. confieso que me emocionaban más que muchos libros de aventuras. unos preámbulos me dejaban hechizado, como éste: “con la presente me permito distraer su valiosa atención para notificarle que su pedido…, etc.”. distraer su valiosa atención: ¡qué frase admirable! yo sabía que nadie creía sinceramente en la valiosa atención de su destinatario, pero intuía que esta y otras fórmulas de esmerada cortesía debían de incidir de algún modo en una negociación, y me apresuré a incorporarlas en las cartas que escribía para mi padre. mi soltura alcanzó tal grado de maestría ante sus ojos, que dejó de revisarlas. las respuestas de sus clientes eran a vuelta de correo y descubrí que algunas de las fórmulas que yo había extraído del manual aparecían ahora en sus contestaciones. sus secretarias las habían adoptado, sin duda cautivadas por los mismos motivos que a mí me había llevado a utilizarlas. de seguro lo habían hecho sin reparar demasiado en ello, con mera eficiencia secretarial, pero ese contagio estilístico me causó una alegría profunda. me sentí leído, una emoción inédita para mí. por debajo del trato comercial, pues, algo fluía entre ellas y yo, más sutil que la transacción en curso. no dije nada a mi padre. me regañaría por no enfocarme en lo esencial y andarme por las ramas, como era mi costumbre y como lo ha sido siempre.

[de fabio morábito. aparecido originalmente en clarín. también aparece en el idioma materno, editado por sexto piso.]

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